
José Luis Escobar descubre que las piezas en la sala de este artista cumplen más que una función meramente decorativa.
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En la sala de Marlov Barrios armonizan piezas creadas por él con artículos de decoración, libros y catálogos de exposiciones.
El color rojo parece ser el andamio que sostiene este ecléctico conjunto: un sofá, dos sillas y una mesa de centro de este color (en la cual hay una manzana, también roja) y una alfombra multicolor, en cuyas franjas (que combinan con el rojo) termino mi recorrido visual a su sala, para hacer un descanso.
Es en este espacio escarlata en el que Marlov habla conmigo de su próxima exposición (lea Insurrecciones), de sus proyectos como artista individual y de sus planes como miembro del grupo La Torana y del Taller de Gráfica Experimental, que actualmente gestiona proyectos de arte contemporáneo a partir de la imagen múltiple.
En el hogar de Marlov todos los objetos, aparentemente, cumplen una función ornamental, pero en realidad, sirven a este artista de la artes visuales como un alimento permanente. Verlas a diario se convierte para Marlov en un ejercicio, que lo conduce hacia un propósito: superarse a sí mismo. También reflejan su peculiar manera de ser, no sólo como artista sino como persona.
“He elegido vivir con piezas que me han tenido muy satisfecho y que por alguna razón están conmigo todavía”, dice, y me señala la pieza mayor de la sala, un escaparate – tríptico (de su serie Emblemática) que hace dos años formó parte de una exhibición en la galería El Áttico. Y a los pies de la alfombra aprecio una las piezas de Latin Toys, con las cuales, junto al resto de los toranos (lea Una pregunta recurrente) ganó el año pasado la XVI Bienal de Arte Paiz. Esta serie consta de varias tallas directas y ensamblaje en madera y cuero.
“Lo que me gusta de estas piezas es que veo mi trabajo, pero como lo hace un espectador, y en ellas me desconozco al extremo de decir: ‘¿Cómo pude haber hecho esto?, ¿cómo se me ocurrió?’ Me gusta conservarlas cerca porque quiero seguir ahondando en ese lenguaje. Y si las regalo o alguien las compra las perdería de vista y dejaría de sacarles provecho”.
La disposición de las piezas da la impresión de que están listas para una sesión fotográfica, para lograr una de esas tomas que suelen impactar cuando vemos una revista de decoración de interiores. Pero la sala no es lo único impecable. Igual pensaría quien ve el comedor, incluso “el desorden” de un espacio cercano a la sala en el cual Marlov ha colocado material de su trabajo. Desde lienzos en blanco hasta obras terminadas están dispuestas con esmero.
Cuando le pregunto al respecto reconoce ser “un poco compulsivo”. “Platicando con Lucky, mi esposa, reparamos que ser un dibujante o dedicarte al arte es obsesionarte con que las cosas salgan perfectas. Al trazar una línea puedo decir que quedó bien, pero sé cuando no funciona. Sólo uno sabe qué está mal, aunque toda la gente no lo perciba”.
Y dirigiéndose a uno de los extremos del escaparate me señala un punto en concreto y agrega: “A fin de cuentas esa parte roja ya no me gusta. Tal vez funciona con toda la composición, pero yo la quitaría, y podría componerla. Hay cosas que me gustan un tiempo, luego ya no... es interminable, obsesivo, porque uno quiere que su obra sea mejor que la anterior”.
Artista visual
Marlov estudió arquitectura en la Universidad de San Carlos de Guatemala; fue en esas aulas que conoció a Plinio, Norman, Eric y Josué (sus colegas de La Torana). En un principio, la pintura y el dibujo lo acercaron al arte, luego sentiría interés por el grabado, expresión con la que más se le relaciona en su trayectoria.
Sin embargo, Barrios se considera un artista visual que no está casado con un solo medio de expresión. “En el arte actual el artista debe reconocer cuál es el medio apropiado para materializar de una manera mística y fidedigna las ideas que tiene para presentar su trabajo”.
Como ejemplo toma el caso de un artista del performance: “Se manifiesta a partir de las acciones y del gesto de su cuerpo, y lo documenta a partir de la fotografía o el video. Pero puede ser que la mejor manera para registrar su trabajo sea con un mural acompañado de una proyección de imágenes, o de una muestra de dibujos, o una fotografía digital y encima de ella una serigrafía o un aguafuerte”.
Este torano reconoce que en esta época de su vida le gusta mucho el grabado. “Lo he estudiado y he procurado investigar y ahondar en él, pero puede que en algún momento me canse. No me interesa que me conozcan como alguien que fue un gran grabador”.
Marlov ha incursionado en dibujo, muralismo y (sin considerase escultor) en el diseño tridimensional de objetos. “Si siento el impulso de pintar, pinto. Tampoco hay problema si tengo una imagen y acudo a alguien más para que la pinte. Lo que al final cuenta es que la idea sea contundente, perfecta”.
Para Barrios también es importante que la obra pueda sustentarse por sí misma. “Me genera mucha desconfianza cuando a la par de una pieza hay una inmensa ficha antropológica de lo que debería ser la obra. A mi juicio, eso es un poco cuestionable”. Otro tema primordial para Marlov es que la obra interactúa con el público.
“Si la interacción se da únicamente entre el artista y la obra, para mí, esa obra no existe. El trabajo debe someterse a juicio, hacerse público. No estoy diciendo que hay que trabajar para que le interese al público, pero sí es vital que la imagen que yo produzca entable un diálogo con el espectador y, al mismo tiempo, yo entable un diálogo con las personas”.
¿Y eso es arte?
Las combinaciones de medios con que un artista cuenta en la actualidad le permiten muchas posibilidades para trabajar. Esa gama ha ganado rápidamente terreno en el arte contemporáneo, unas veces saltando los conceptos de la plástica moderna, otras, encontrando un fuerte rechazo.
Tanto que en el panorama actual muchos se preguntan si lo que ven en una exposición es arte.
Al respecto, Marlov señala que hace 40 ó 50 años lo moderno regía en las artes plásticas y visuales.
“Todo el mundo buscaba la novedad y dejar su huella. Pero ahora el arte se convierte en una pregunta; ya no hace afirmaciones por medio de una tendencia, un postulado o un manifiesto. No quiero decir que hoy el arte esté al revés, sólo que tiene una dinámica diferente porque cuestiona. En esta época una persona sensible basta para hacer arte, no necesita ser un gran dibujante o virtuoso. Se dice que ya todo está dicho (especialmente en la literatura y las artes visuales) pero lo que no se ha establecido es el acento, porque un artista puede darle un modo particular a una obra ya existente, como la de El Bosco, y no por ello lo va a imitar, tan solo lo va a poner en dialogo con el mundo que vivimos ahora”.
Una pregunta recurrente
“Nunca nos propusimos ser un colectivo. Si lo somos es porque tuvimos que hacerlo y porque, por alguna razón de la vida, logramos tener afinidad y pudimos fraguar cosas que hemos podido firmar como grupo. Pero cada uno tiene sus ambiciones y proyectos individuales y alrededor de ellos está La Torana como proyecto interminente, un laboratorio colectivo”.
Marlov Barrios es cofundador del grupo y, como artista, ha explorado la pintura, el grabado y el dibujo. Tiene estudios de arquitectura en la Universidad de San Carlos de Guatemala y de grabado en la escuela de pintura, grabado y escultura La Esmeralda, México D.F.
En sus años de estudiante universitario (1999) coincidió con Plinio Villagrán, Norman Morales, Eric Menchú y Josué Romero (La Torana). El interés por la exploración artística mantuvo unido al grupo más allá de la facultad de Arquitectura. Sus miembros tienen una trayectoria activa, tanto colectiva como individual.
¿Cómo lo logran? “Esa es una de las preguntas más recurrentes y no hemos logrado una respuesta convincente. ¿Cómo es que hemos podido funcionar de manera colectiva en Guatemala que no es un país colectivo? Contamos con un Estado fallido y el estigma del conflicto armado aisló de la gente el concepto de trabajo en equipo. Los cinco estudiamos arquitectura y tenemos nociones de conceptualización de planificación de proyectos colectivos. Además, estamos muy identificados con el nuevo muralismo y con estéticas que parten de lo mestizo y lo urbano; y, también, estamos identificados con la gráfica”.
Si bien los toranos no logran una respuesta que los satisfaga, su trabajo colectivo continuará hablando por ellos. “Se han logrado obras realmente diseñadas y consensuadas totalmente en equipo. Los dos primeros trabajos palpables son dos murales: Bestiario y Serpiente y acueducto. El primero, localizado en la antigua entrada al zoológico La Aurora, cerca del monumento a Tecún Umán; el otro, sobre el bulevar Liberación, en el muro perimetral del Centro de Atención Médica Integral para Pensionados, Camip”. A éstos se suma el triunfo del año pasado en la XVI Bienal de Arte Paiz.
“Es la primera bienal en Guatemala y Centroamérica que es ganada por un colectivo de artistas”, recalca el artista, quien el próximo año exhibirá en México, en una galería que se llama Medellín 174, un espacio de arte contemporáneo que le da prioridad a la gráfica.
EN POCAS PALABRAS
EXPERIMENTAL
Barrios trabaja en el Taller de Gráfica Experimental, formado en 2008, e integrado por Alberto Rodríguez, Mario Santizo y los 5 toranos. Ayer, el taller (con actividades durante todo el año) finalizó una semana de trabajo en siete departamentos.
LIENZO EN BLANCO
Parques (incluso aquellos con delincuentes), un edificio domiciliar, las sábanas puestas a secar en un patio, los cables de electricidad y los teléfonos públicos son algunos elementos que al artista le gustaría intervenir.
ETERNOS
Marlov conserva intactos algunos juguetes de infancia. “Siempre he tenido fascinación con mis juguetes y me gusta sublimarlos, contemplarlos para que no envejezcan. Hago lo mismo con los objetos que he ido recolectando y que hablan de uno en el espacio íntimo”.
INSURRECCIONES
La más reciente exhibición de Marlov Barrios es una colección de dibujos (pequeño formato) tomada de los proyectos que ha realizado en los últimos tres años, algunos, son de trabajos tridimensionales.
Insurrecciones se puede visitar a partir del martes 28 en la galería y centro de documentación El Áttico. 4a. avenida 15-45, zona 14 (2368-0853).
“La exposición consta de dos partes. La primera es una colección de 18 dibujos sobre papel, en pequeño formato, trabajados con tinta. La segunda es una carpeta de fotograbados que reúne ocho fotografías a partir de mis dibujos”, explica Marlov al indicar que los fotograbados han sido editados en México por Tigre Ediciones, a cargo de Rodrigo Téllez y Emanuel García, dos artistas de la plástica y la gráfica que han iniciado un proyecto editorial relacionado con la imagen múltiple y las gráficas, tanto tradicionales como digitales.
T. José Luis Escobar. jescobar@sigloxxi.com
F. Cecilia Cobar. ccobar@sigloxxi.com















