domingo, 27 de diciembre de 2009

Literatura destilada



Brevísimos dinosaurios
reúne a 19 autores, 25 relatos y 1,906 palabras. Publicado este año por Libro Visor (Centro Cultural de España). La compilación rinde homenaje al arte de contar más con menos.Seguir leyendo...
A ese oficio de destilar la literatura para que la extensión se convierta en inversamente proporcional a la intensidad expresiva. Brevísimos dinosaurios rememora al famoso cuento de Augusto Monterroso: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Visite cceguatemala.com.

LLAMADA PERDIDA |
Clodvin Fernando Aceituno
Dijeron que llamarían hoy al finalista del certamen literario. Tú sabes lo mucho que nos hace falta el dinero y si no contesto quedo automáticamente descalificado.
Después de que lees mis relatos, me dices lo buen escritor que soy, y yo me lo creo. “¡Te felicito, mi amor, escribes como todo un Nobel!”. Para mí, escribir es un arte, toda una consagración interna. No debería importarme la riqueza. Pero estamos en crisis, y nos caerá bien esa plata.
¿Por qué no habrán llamado?, ¿qué diablos habrá pasado? Impávido,
observo fijamente mi teléfono celular, y pregunto: “¿Quién putas le quitó la
batería?”

PREÑA COMPUTADORAS | Octavio Enríquez
No importa por cuántas computadoras pase. En todas dejo un cuento regado.

DESDE LAS TINIEBLAS | Luis Eduardo Laparra
— Una eternidad… y aún te extraño, Dios.

PIS (AND LOVE) | Gabriel Caballeros
El gato estaba acostado, ronroneando en el piso del baño. Ella se ponía las lentillas de contacto. Yo hacía pis sentado, ésa era la regla instituida por ella en casa. Entre nosotros quedaba sólo una poderosa amistad, y la intimidad cotidiana —casi intimidante— no había desaparecido. Después de un divorcio afortunadamente poco dramático, yo empezaba a entenderla. Sentado en el toilette y viendo sus movimientos gráciles, recordaba la razón por la que me enamoré de ella años antes. Me levanté, tiré de la cadena y el gato, curioso, se acercó a mí para ver juntos el agua fluyendo en remolinos.

SOY FELIZ | Arturo Monterroso
Exhaustos se dejaron caer sobre las sábanas. Permanecieron un rato en silencio. “¿Qué vas a hacer hoy?”, preguntó él, mirando al cielo raso. “Lo de siempre”, respondió ella, “llevar a la niña al ballet, pasar por el supermercado, servirle la cena a mi marido”. “¿Has pensado en divorciarte?”, inquirió él. “No”, contestó ella, “soy feliz”.

MILAGRO CONCEDIDO | Tania Hernández
Después de tanto desearlo, una noche desperté en los brazos de mi amante. Busqué su rostro y lo besé. Pero, al pronunciar su nombre, me percaté de que esa voz extraña no era la mía. El anillo de bodas en la mano, que tampoco me pertenecía, me desveló la verdad: era su esposa.
En ese momento, comenzó a besarme/besarla, e hicimos el amor. Fue la única vez que le oí decirme/decirle “te amo”, y también la única que dormí a su lado. A la mañana siguiente, de nuevo en mi cama, me sentí más sola que nunca.

PASO | Andrés Zepeda
No, gracias; el matrimonio es para animales domésticos.

DOMINGO POR LA TARDE | Julio Roberto Barrios
“Papi, qué rico”, dijo besándome la boca. Tenía la mirada perdida. Luego se recostó dándome la espalda, buscando mi pene con sus nalgas desnudas. Dejé que se durmiera y bajé al baño. Sentado en el retrete, escuché a los vecinos. Cenaban en familia y hablaban de la abuela difunta, muerta recientemente por el cáncer. Mencionaron a Dios, se oía claro. Tiré luego de la cadena y todo el discurso se fue junto con mi mierda en el torbellino azul del baño. Subí de nuevo, con el estómago aliviado. Listo para cogérmela, antes de que nos alcancen Dios o el cáncer.

ÚLTIMO ROUND | Vania Vargas
Anoche me dijo que le pasaba lo mismo que a Samantha, la putita aquella que llegaba todos los miércoles al taller. Estaba tan acostumbrada a los desplantes que cualquier indicio de atención, amabilidad o buena voluntad le parecía la señal exacta para engancharse, hacer planes mentales, caer lentamente en la más grande decepción.
Para equivocarse tenía un pulso espectacular. Por eso, ahora que lo había descubierto, no le volvería a pasar. Se miraba tan convencida que mejor la dejé ir. Estoy seguro de que no se percató de que yo sí hubiera podido hacerla feliz.

EL TRATO | Luis Alejos
Presiono stop al finalizar los créditos. Randy ‘The Ram’ se arrojó desde la última cuerda; su destino sangraba. Yo también me siento como un carnero agónico, dispuesto al sacrificio necesario para entretener a los fanáticos.
“¿Entonces?”, preguntás, maleta en mano.
“Podés quedarte”, respondo. El trato fue el siguiente: si el final de la película me conmovía, tu infidelidad más reciente no sería motivo de exilio y podrías quedarte en casa. De lo contrario, aparte de irte, publicaría aquellas fotos. Tuviste suerte…

EL ESCRITOR | Vania Vargas
“¿Cómo quiere llamarse?”, le preguntó mientras observaba cómo se vestía dándole la espalda.
“Tatiana”, dijo ella entre risas, ajustándose un zapato, aceptando el juego.
Y esa noche, después de que cerró la puerta de su casa y supo que no la volvería a ver, se propuso la tarea de contar su historia, desde el principio hasta el momento exacto en que terminó en su cama, se vistió mirándolo a los ojos y decidió quedarse sin dudarlo un instante.

AGONÍA | Plinio Eduardo Cortés
Cuando terminó de leer el testimonio, una sombra de impotencia cubrió su espíritu. Se hablaba de una guerra justa, de la utopía, de los sueños. Pero al voltear su rostro a la realidad, se da cuenta de que todo está perdido. La corrupción y el crimen galopan como jinetes del Apocalipsis. Los hombres agitan banderas de egoísmo, del sálvese quien pueda. Los puños, derretidos. Los silencios multiplicados en el conformismo. Ni una luz al final del túnel. Ni una esperanza siquiera. Se entronizan los intereses de la minoría eterna y la patria desahuciada agoniza en nuestros brazos.

UNA MENTE BRILLANTE | Pedro Chavajay
En el curso de diseño, el profe, al final de su clase, deja como tarea que sus estudiantes diseñen una mesa de trabajo con todas sus características.
Al día siguiente todos pasan ante todos exponiendo y presentando sus creaciones.
Uno de los estudiantes, de los más habiles y brillantes, expone y presenta la Cama de Sofía VI.

CONTACTO CON DIOS | Gabriel Woltke
Está listo para morir. Los episodios de su vida transcurren uno tras otro frente a sus entreabiertos ojos. 96 años no pasan demasiado rápido, su agonía será lenta. Recuerda aquel 1982, cuando Boca vino a jugar contra Comunicaciones, los seis segundos que pudo tocar la espalda de Maradona. Piensa que vivir valió la pena. Expira y feliz cierra los ojos.

JUN NAOOJ K’AS NKÁSK’O’I
Xtzijooj k’in xuk’ut Ja Warb’aal rixin Sofía Waqii’
Ja tijoneel ja toq xuk’iis ja tijooneem
Xu ya’ kaan jun kisamaaj jar tijoonelaa’
K’in nkebanto jun chee’ tzib’ab’al xin samaaj
Kin nkek’ut naq rucholajiil
Chikauq’iij kanojelaal nekitzijoto jar nkeb’anto
Jun chike ja ntijoxi ja maxko’ runaooj

EL RETORNO | Bárbara Balchin de Koose
Abrazado por los helechos, acariciado por los perfumes de la selva.
Abrumado por los besos de las hormigas, así lo encontramos.
Desnudo. Su hogar, vacío. Su familia, desaparecida.
Meses enteros lo cuidamos, lo consentimos.
Él, adulto ahora, ansioso de partir. Accedimos.
Los camarógrafos listos. Los guiones escritos.
En el cielo, el arco verde de su vuelo. El adiós de su cola.
Libre ya. Nos amaba. Perdonaba.
Oímos el disparo. Seco, cruel.
La tarde se volvió plomo. Llovía.
Los helechos en la selva se doblaron de pesar.

ENTIERRO | Alejandro Torún
Quería acercarse a la fosa para observar cómo bajaban el féretro. Una multitud rodeaba la tumba, y él había llegado tarde. Le parecía imposible avanzar con tanta gente. El rabino cantaba los salmos mientras cuatro hombres bajaban el cajón lentamente. Él intentó moverse entre las lápidas con impaciencia, logró abrirse paso entre dos mujeres, pero tropezó y cayó de espaldas. Una mujer gritó, la otra chilló, pero el rabino cantó aún más fuerte, pues a pesar de que no se percató del accidente ahora eran dos almas las que se aferraban a sus palabras.

PESADILLA | Ricardo Rivera
¡Fue espantoso! —le dijo un muerto a otro muerto, mientras en su rostro descarnado se podía observar cómo sus viejos y desgastados dientes no dejaban de temblar.
¿Y qué fue lo espantoso? —preguntó el otro.
¡Pues, tuve la peor pesadilla que te pudieras haber imaginado!
¿Y cuál fue? —preguntó nuevamente el otro, con cierto tono de miedo en su carrasposa voz.
¡Soñé! Y vi mi rostro, pero no éste sino el otro, el que tenía cuando estaba vivo y, luego, cuando pensaba que nuevamente todo se volvería a repetir, gracias a la oscuridad de la noche, desperté.

ESENCIAL | Juan Carlos Córdova
Katsu Hitori se encontró a sí mismo entre dos muertes inexorables. Parado frente al acantilado era acechado a sus espaldas por una rugiente bestia de afilados colmillos y garras. En la vertical alucinante, las espumosas olas rompiéndose contra las agudas rocas prometían una extinción azul.
¿Qué hacer?
El sol declinante le brindó a Katsu Hitori la oportunidad que estaba buscando: observar el ocaso más hermoso de su vida.

TODO SILENCIO | Michelle Rosales
El gato duerme frente a la puerta roja. Todo silencio. Un ruido seco lo despierta y se levanta, malhumorado. Dos pasos lentos. Estira las patas traseras, desterrando la modorra.
Entra por la ventana. La atmósfera extranjera y densa. Los ojos amarillentos atentos a descubrir lo que estremece el espacio iluminado. Algo viscoso brilla en el suelo. Acerca la nariz: un olor metálico.
La sangre está aún caliente. El amo cava. El gato bebe. Todo silencio.

LA FRUSTRACIÓN DE DIOS | Vicente Antonio Vásquez
Dios temiendo que alguien se pasara de listo y le birlara la gloria de ser el creador del universo, acudió al Registro de la Propiedad Intelectual para registrar su autoría.
Al poco tiempo salió de esa oficina gubernamental frustrado y triste. Para cumplir con el trámite le requirieron dos testigos. No los pudo presentar. Los dos habían muerto a los poco años de haber sido expulsados del paraíso.

1 comentarios:

Jackelyne dijo...

Felicitaciones!!! muy buenos relatos, a ver si estos brevísimos terminan con los comentarios de "qué hueva leer".
Felicitaciones Clodvin!