domingo, 11 de octubre de 2009

“Me sorprendió que la física pudiera llegar tan lejos”

Fernando Quevedo

Sebastián Escalón se entrevista con el científico guatemalteco Fernando Quevedo, recientemente nombrado en Italia director del Centro Internacional Abdus Salam para la Física Teórica.
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Hace dos semanas, el físico guatemalteco Fernando Quevedo recibió un mensaje con una gran noticia: él era el elegido para dirigir el prestigioso Centro Internacional Abdus Salam para la Física Teórica (ICTP, por sus siglas en inglés) situado en Trieste, Italia.

Las tres instituciones fundadoras de esta meca de la física mundial, la Unesco, el Organismo Internacional para la Energía Atómica y el Gobierno italiano, lo habían seleccionado entre más de 100 aspirantes. Una gran noticia, no sólo para Quevedo, sino también para Guatemala.

En efecto, este Centro, además de realizar investigación científica de primer nivel, tiene la misión de ayudar a los científicos y estudiantes de países en desarrollo a darle mayor empuje a sus carreras. Una entrevista con el nuevo director del ICTP, uno de los científicos chapines más reconocidos del mundo, se imponía.

Conversar con Fernando Quevedo supone todo un desafío intelectual: el de adentrarse en los secretos mejor guardados de la materia, la energía y el tiempo. Supone aventurarse en un universo en el que el sentido común no sirve de nada y en el que las matemáticas son la única guía segura.

El común de los mortales quizás seamos incapaces de deleitarnos con la poesía que emana de las ecuaciones. Pero los espacios paradoxales creados por los físicos teóricos como Quevedo no pueden más que fascinarnos.

¡Palabra! Después de un chapuzón entre conceptos como los de la cosmología, la teoría de cuerdas y los universos paralelos, podemos volver al mundo del día a día con un mirar distinto, renovado, y con esa sabiduría que da el entender que no somos más que un grano de arena perdido en el Universo, que, a su vez, no es más que otro grano de arena extraviado en la infinidad de los universos posibles.

¿Cómo recibiste la noticia de que habías sido nombrado director del ICTP?
Fue una gran alegría, por supuesto. Es un gran honor que me hayan escogido para un puesto tan importante desde el que se puede hacer mucho.

Cuéntanos acerca de este Centro. ¿Qué representa en el mundo de la física?
El Centro tiene unos 45 años de haber sido fundado por Abdus Salam, de Pakistán, uno de los grandes físicos del siglo XX, quien obtuvo el premio Nobel en 1979. Cuenta con unos 100 investigadores. Uno de los objetivos del Centro es levantar la física en países en desarrollo.

Con su fundación se pretendía tender un puente entre el Norte y el Sur y entre el Este y Oeste, ya que en ese tiempo estaba la Guerra Fría y no había muchos contactos entre los físicos de Estados Unidos y los de la Unión Soviética y el bloque oriental. Allí se reunían físicos de todo el mundo para hablar de sus experimentos e intercambiar ideas.

¿Era como un crisol de nacionalidades y experiencias?
Sí, y sigue teniendo esa vocación. Allí llega gente de todo el mundo. Muchos investigadores de África, América y Asia han podido levantar su carrera gracias a su contacto con el Centro. Estos científicos pueden visitar el Centro cada año durante varios años y ponerse al tanto de lo que está pasando en su área, y de allí volver a sus países a seguir con su trabajo.

También hay programas de un año para estudiantes con el que estos adquieren el mismo nivel que los de Europa y Estados Unidos y pueden acceder a universidades de países desarrollados para sacar sus doctorados.

¿Crees que Guatemala podrá aprovechar tu nombramiento a la cabeza del ICTP?
Sí. Tenemos un proyecto a largo plazo, que es crear un Instituto de ciencia y tecnología en Guatemala. Ahora que tengo una posición con cierto poder, se me facilitará ayudar más. También se podrán crear relaciones estrechas con las universidades y traer estudiantes guatemaltecos a instruirse en el ICTP. Por otra parte, se puede ayudar para llevar la ciencia a las escuelas, capacitando a profesores de enseñanza media.

Hablemos de tu recorrido científico. ¿Cuándo empezó a interesarte la física y el Universo?
En la adolescencia, que es cuando uno despierta al mundo y empieza a tener curiosidad por lo que es el universo. Me gustaban las matemáticas. Por eso en la Universidad de San Carlos, donde empecé a estudiar, me metí a la carrera con más matemáticas y más física, que era la de ingeniería en sistemas. Después de dos años estudiando allí, supe que se podía estudiar física en la Universidad del Valle y por eso me cambié.

¿Hay algún científico que hayas admirado particularmente, y que te haya inspirado?
Einstein, podría decir. Por los grandes cambios que aportó a nuestras ideas sobre lo que son el espacio, el tiempo y la cosmología.

También me llamó la atención un libro de Steven Weinberg (físico estadounidense nacido en 1933, quien obtuvo el premio Nobel en 1979 junto con Abdus Salam) que leí en mis tiempos de estudiante. Se llama Los tres primeros minutos del Universo.

Lo que me pareció muy interesante es que se pudiera saber tanto sobre los primeros instantes del Universo, con base en observaciones y cálculos matemáticos. Me sorprendió que la física pudiera llegar tan lejos.

¿Pensabas en ese entonces convertirte en un investigador?
Realmente no. En Guatemala no teníamos la ambición de hacer gran cosa. La única intención de quienes nos metíamos a física o a matemáticas era saber más sobre el mundo.

Te fuiste entonces a Austin, Texas. ¿Qué encontraste allá? ¿Cómo fue la experiencia?
¡Fue fascinante! La Universidad de Texas es de primera categoría. Allí aprendíamos de grandes físicos y también de los otros compañeros, que tenían un nivel muy alto. Además, eso fue cuando Steven Weinberg se pasó a la Universidad de Texas. Tuve la suerte de trabajar con él. Él fue mi asesor durante mi doctorado.

¿Y después de Texas?
Me fui a Suiza, al CERN (Organización Europea para la Investigación Nuclear). Fue otra experiencia fabulosa, la de vivir en Europa, que aún no conocía, trabajando en el laboratorio más grande del mundo. Además, me tocó un trabajo muy bueno y empecé mi carrera haciendo investigaciones con cierto impacto.

Me quedé dos años en el CERN, y luego me fui a la Universidad McGill, en Canadá. De allí me fui al laboratorio de Los Álamos, Nuevo México, otros dos años y después a Neuchatel, a una pequeña universidad suiza que queda cerca del CERN. Allí estuve cuatro años, y después otro año en el CERN. Luego me dieron un puesto de profesor en la UNAM, en México. Finalmente, llegué a la Universidad de Cambridge, Inglaterra.

¡Toda una odisea!
Pues sí, desde 1986, cuando me gradué de doctor, hasta 1998, cuando llegué a Cambridge. Pero eso es lo normal en el mundo de la ciencia. Uno va de posdoctorado en posdoctorado allí, donde le den trabajo, hasta que por fin consigue un puesto fijo.

Trabajas cerca del astrofísico más famoso del mundo, Stephen Hawking. ¿Qué relación tienes con él?
La oficina de Stephen está como a veinte pasos de la mía. Nos vemos todos los días y nos conocemos bien. Tenemos una relación de amistad. Él fue una de las personas que me apoyaron para obtener la dirección del ICTP, y le estoy muy agradecido.

Además, lo admiro muchísimo. Es una persona única en la historia, el físico más famoso del mundo, y que además ha hecho algo que nadie más ha logrado: sobrevivir 40 años en las condiciones en que vive (Hawking padece de una distrofia neuromuscular que lo ha dejado casi totalmente paralizado, nota del redactor).

Eso lo inspira a uno, el ver a gente que no se deja vencer por problemas tan grandes, y de saber que lo que lo mantiene vivo es su amor por la ciencia.

Eres reconocido en el mundo de la física por tus aportes a la teoría de cuerdas. ¿Se puede explicar con palabras simples en qué consiste esta teoría?
¡Con un poco de tiempo, sí! La teoría de cuerdas intenta resolver el problema más importante de la física moderna, que es el de describir la gravedad a nivel microscópico. Se conoce bien la gravedad cuando se aplica a escalas grandes, como la de los planetas o galaxias. Pero no se entiende cómo funciona en la escala de las partículas elementales. La teoría de las cuerdas es el mejor candidato para resolver ese problema.

Las partículas elementales, como el electrón o el fotón, que es la partícula de la luz, siempre han sido vistas como un punto que se desplaza en el espacio y en el tiempo. Pero según la teoría de cuerdas, las partículas serían como pequeñas cuerdas abiertas o cerradas.

La teoría plantea la existencia de más dimensiones.
Así es. Para que esta teoría sea consistente, se plantea que el Universo tiene por lo menos 10 dimensiones: 9 de espacio y una de tiempo. Ahora bien, nosotros nos movemos solo en tres dimensiones de espacio. Entonces, ¿qué pasa con las dimensiones extras? Pues en realidad serían tan pequeñas, que no las podemos detectar.

A veces se le llama a esta teoría, la Teoría de todo.
Esto, porque es una teoría de unificación que pretende describir todas las partículas que componen la materia y las fuerzas entre ellas. Pero para mí, se ha abusado un poco de la expresión Teoría de todo. Por ejemplo, no se puede entender con ella la turbulencia de los fluidos o el origen de la vida. En realidad, para las escalas más grandes, moléculas u organismos vivos, esta teoría no sirve de mucho. Por eso, yo prefiero llamarla Teoría fundamental de la naturaleza.

Hay una teoría que creo está ligada a las de las cuerdas, y es la de los Universos múltiples, o del Multiverso. ¿Podrías hablarnos de ella?
Se habla del Multiverso desde hace cincuenta años. Pero la idea adquiere más contenido cuando nos interesamos en las constantes fundamentales del Universo, como la carga del electrón, o la constante cosmológica.

¿Estos son como los parámetros básicos que definen el Universo?
¡Muy bien! Si estas constantes hubieran tomado valores ligeramente diferentes de los que observamos, no hubiéramos existido nosotros. La pregunta es por qué han tomado los valores que han permitido nuestra existencia. Una respuesta posible es la del Multiverso: simplemente, hay muchísimos universos, y nosotros vivimos en uno donde las condiciones son buenas. Estas ideas encajan muy bien con la teoría de las cuerdas. Las ecuaciones de esta teoría admiten muchas soluciones, y cada solución corresponde a un Universo distinto.

¿Serían como universos paralelos?
Por decirlo de una forma. Y en cada uno, las constantes fundamentales serían diferentes, y por lo tanto las leyes de la física también. La pregunta abierta es cuántos hay. A veces se maneja el número de 10 elevado a la potencia 500 (1 seguido por 500 ceros, nota del redactor), pero también podría ser que haya un número infinito. Algunos universos se expandirían tan rápido que no habría aparición de galaxias. Otros, después de una breve expansión, volverían a contraerse antes de que se haya formado cualquier sistema complejo. Estos serían universos aburridos.

¿Se puede decir entonces que todas las situaciones que podamos imaginar tienen lugar en otro Universo? Es decir, ¿hay un Universo en el que te entrevistas conmigo, y otro en el que Guatemala gana el mundial de futbol?
Así es. Si estas ideas son correctas, hay un Universo en el que Guatemala sería campeón del mundo, y en el que todo lo que nos ha salido mal en la vida nos sale bien (o al revés). ¡Pero no perdamos la esperanza de llegar a ser campeones en este Universo!

¿Todos estos universos se crean al mismo tiempo, o cada uno tiene su propio inicio, su propio Big bang?
Cada uno tendría su propio inicio. Y el inicio de uno podría ser el final de otro. Un Universo podría engendrar a varios otros.

¿Cuál sería el futuro de nuestro Universo?
Hay tres alternativas. Hoy en día, vemos que el Universo está en expansión acelerada. Puede seguir haciéndolo indefinidamente, hasta que se enfríe tanto que no pueda haber sistemas complejos como los seres vivientes. Puede también que deje de expandirse y empiece a contraerse hasta derrumbarse sobre sí mismo. A eso se le llama el Big crunch. Pero también podría ser que su expansión se acelere tanto que se destruya la misma estructura del espacio y del tiempo, el Big rip.

Tres alterativas igualmente deprimentes...
Sí y no. Si contamos con el Multiverso, no, puesto que hay muchos universos, y de un Big crunch puede surgir un Universo nuevo. Además, quién sabe, quizás dentro de miles de años controlemos tanto la física que podremos pasar de un Universo a otro, aunque esto suena ya a ciencia ficción.

Cuando se estudia este tipo de cosas ¿sigue teniendo importancia lo cotidiano? ¿Te interesan los sobresaltos de este pequeño planeta?
Definitivamente. Antes que nada, somos seres humanos y sufrimos de los problemas del día a día, y nos alegran las cosas buenas del día a día. Pero tal vez esto ayuda a darle valor a las cosas y a no dejarse llevar por nimiedades.

Pero por ejemplo, ¿te puedes preocupar por el medioambiente sabiendo que cuando el Sol llegue a su fin se va a tragar a la Tierra?
No, no, no. ¡No hay que verlo así! Hay que verlo como un reto. De aquí a unos miles de millones de años tendremos que ser capaces de buscar otro lugar para vivir. Los científicos vamos a ser los únicos en poder resolver ese problema.

Es igual con el medioambiente: ya nos dimos cuenta del daño que le estamos haciendo al planeta, y por eso, ahora hay que utilizar toda la tecnología y el conocimiento disponible para resolverlo. Por eso la ciencia es fascinante: siempre nos permite encontrar un escape.

T. Sebastián Escalón. sebastianescalon@hotmail.com
I. Alejandro Azurdia. aazurdia@sigloxxi.com

3 comentarios:

Leonel dijo...

Excelente! Felicitaciones al Dr. Quevedo!
Me encantó esta entrevista, muy buenas preguntas, interesantísimas respuestas, excelente trabajo.

Anibal dijo...

Muy buena entrevista al doctor Quevedo. Fascinante saber que por nuestras aulas pasó él. Está en nuestro deber como estudiantes de la licenciatura en física de la USAC seguir desarrollando las ciencias puras.

Felicitaciones.

David dijo...

Excelente. Me enorgullece ser su compatriota y espero que tomemos el ejemplo de personas como usted para elevar el nombre de Guatemala a nivel científico.

Felicitaciones por ese nombramiento