domingo, 2 de agosto de 2009

Un mundo menos percudido





La obra ganadora del Premio Centroamericano de Novela Mario Monteforte Toledo 2008 es reseñada por Maurice Echeverría. Se trata, nos dice, de un relato capaz de transformar a sus lectores.
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De lejos y de cerca, Arnoldo Gálvez Suárez (Guatemala, 1982) es el autor más interesante que ha surgido en el último escenario literario. El escritor ya formalmente pertenece a una nueva generación de narradores, con lo cual se mantiene el sentido terapéutico y necesario del relevo.

Su libro Los jueces —lejos de lastimarnos la córnea, lejos de ser la pequeña sinfonía obtusa de un vago estudiante de Ciencias de la Comunicación, de la Landívar por ejemplo— es una pieza completamente insular y relevante. Con la misma ganó el Premio Centroamericano de Novela Mario Monteforte Toledo, el año pasado.

AGS sabe perfectamente lo que hace. Primero, es una novela con un montón de habitaciones, de cuentos interiores, que van ensamblando un tenaz edificio. Así que son muy pocas cosas las que hay que señalar a este nivel. A lo mejor, lo innecesario que era el salto de tercera a primera persona al final del libro. O que es una lástima que algún personaje no halló continuidad en la historia y se quedó como cuto (el Muchacho Tomador de Fotos) o que algún otro no fue explicado lo suficiente o mejor (el Hombre de las Serpientes).

Pero en general hay un sólido establecimiento de coordenadas y el momentum narrativo es innegable, hace de Los jueces un libro más que nada transportable al cine. Tan transportable que aquel director local que no reconozca en este libro su próximo guión, es un imbécil.

La historia está contada con aire de crónica y con mucha fluidez, gracias a todas esas frases estilísticamente completas y significativas (“el cuarto de servicio, esa pequeña celda húmeda que disponen siempre los arquitectos para que duerman las sirvientas”). Diálogos —tan cotidianos como absurdos, algo buñuelia-nos— superpuestos en el párrafo, a la manera de Saramago.

Y el humor, mancuernado con tanta crueldad (con un resultado entre Lars von Trier y Alex de la Iglesia). Por último, con su poder de visualización, AGS confiere una general precisión a sus personajes y establece escenas de lo más estimables. Por ejemplo, la escena de la fiesta del anfitrión: intuitiva, compacta, bella, rara.

En la colonia
Los jueces es una novela basada en una idea simple y excelente. Un grupo de vecinos decide tomar la justicia por sus propias manos y ejecutar a un violador. No se trata exactamente de explorar la metáfora nacional del linchamiento, pero tampoco, como lo pretende el autor, de establecer un “proceso” (y más en el sentido kafkaíco de la palabra, porque entonces lo ideal hubiese sido extender el juicio por semanas y meses, lo cual demandaría una novela muy distinta). Gálvez Suárez se mantiene en un punto equidistante de ambos extremos. Desde allí nos hace ver cómo todo en realidad es democratizable, inclusive el homicidio.

Se le agradece —mucho— a AGS que haya tomado como territorio el espacio de la colonia. Ya saben: la colonia, esa típica barriada guatemalteca. (Hay un inte-rés creciente por parte de autores guatemaltecos por esta clase de zonas psicofísicas. Un ejemplo de ello es Gasolina, del cineasta Julio Hernández.) Lo ideal hubie-ra sido que asentase la obra exclusivamente, claustrofóbicamente, en este escenario, como si ninguna otra posibilidad urbana existiese, remarcando de este modo lo que estos diseños urbanos tienen de carcelarios. No lo hizo completamente así, pero el trabajo está bien hecho de todos modos, en el sentido de que la colonia se vuelve un factor relevante y omnicéntrico para la novela.

Lo importante era mostrar cómo la enfermedad se ha compartimentalizado en nuestra vida ciudadana, y cómo hemos geometrizado nuestros odios en jerarquías definidas y registros sociales. El lector comprueba con horror cómo él mismo termina integrándose a la comunidad de vecinos, y observa, mórbidamente, con deleite abotargado incluso, cómo matan a un ser humano, y tal vez en pos de “un mundo menos percudido”. Es la genialidad máxima de Gálvez Suárez: convertirnos a todos sus lectores en sociópatas.

LOS JUECES, DE ARNOLDO GÁLVEZ SUÁREZ. LETRA NEGRA EDITORES, 2009. 145 PÁGINAS.

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