domingo 6 de diciembre de 2009

La misión de un director

Bruno Campo








Oswaldo J. Hernández revela la inmensa tarea detrás de un vasto proyecto sinfónico bajo la batuta de un joven conductor.
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Mediodía. Teatrino del Centro Cultural Metropolitano. Para llegar allí se requiere: ubicarse en la 7a. avenida y 12 calle de la zona 1, entrar al antiguo Edificio de Correos, subir cuatro niveles, llegar a la terraza, esquivar a lo largo de los pasillos a decenas de patojitos que afinan y desafinan sus instrumentos.

¿Por qué el teatrino? Porque en su interior ensaya la Orquesta Juvenil Municipal a comando del director, apenas de 27 años, Bruno Campo. Es bueno, supongo, encontrarlo en su ambiente natural. Pero hay que esperarlo un poco. La orquesta ensaya para dos grandes conciertos con los cuales representará a Guatemala en el II Encuentro Internacional de la Joven Orquesta y Coro de Centro América (lea Presentación).

Al grito de “1,2,3... Yan pam, ¡pam!, pam, pa, ¡pa, pam!”, Bruno es intenso. Demasiado. En este instante dirige la pieza Son sones que el guatemalteco Paulo Alvarado compuso especialmente para la Orquesta Municipal allá por 1983. Una composición llena de paroxismos; difícil, intimidante.

En la puerta nos hemos aglomerado algunos impertinentes. Hay un niño, una micra (mocos, uniforme, estuche de violín en la mano) que dice “yo mejor ya ni entro, me va a madrear”. Y luego, en efecto, Bruno madrea a toda la Orquesta desde el podio. Han entrado mal en un compás, han estropeado la partitura. Son regaños eficaces, precisos, lacerantes y llenos de afecto los que aterrizan sobre la sección de vientos, encima de la parte de cuerdas y también en los encargados de las percusiones. Por mi parte ya le hubiera lanzado una tuba, un atril, lo que fuera, al director. Sin embargo, la orquesta se mantiene quieta, incluso aprecian tal presión. El sonido y la sincronización mejoran inmediatamente al compás que Bruno dirige de nuevo.

Poco después el mismo Bruno me explica que hace uso de un método pedagógico distinto, uno efectivo que no cree en el convencionalismo de que al músico académico hay que ponerlo a estudiar desde chiquito para que domine a totalidad un instrumento. Algo que aprendió, me cuenta, cuando formó parte de la Sinfónica Nacional de Venezuela hace unos años.

El oboe y el director
La orquesta toma un breve receso. Bruno la tiene allí desde las 8 de la mañana y necesita descansar. Para entonces ya pasa de la 1 de la tarde.

Un poco más relajado, en su oficina desde donde funge como director del Sistema de Orquestas Infantiles y Juveniles de Guatemala, me cuenta cómo ha llegado hasta ese “echarse sobre sus hombros tan enorme responsabilidad”. Sin duda es un puesto de decisiones, de talento, de responsabilidad y de demasiado aguante.

Sucede que Bruno nació con oído absoluto, aquel capaz de distinguir los intervalos de frecuencia de las 12 notas que integran la escala musical. “Ya de pequeño podía reproducir cualquier canción que escuchara utilizando únicamente un pianito de juguete (de escala diatónica), a baterías”.
Pero nacer con esta cualidad solicita adiestramiento y desde los 8 años, la madre de Bruno lo induce a tomar clases de oboe.

Hasta ahí “todo normal”, dice. Y de pronto, con apenas 14 años, todo supone un “explotar” para él. La Unesco paseaba por Latinoamérica un proyecto venezolano enfocado a las orquestas sinfónicas juveniles. La idea era trasplantar analogías de este propósito en toda América Latina como “una obra social para la sistematización de la instrucción y práctica colectiva de la música como instrumento de organización social y desarrollo comunitario”, explica el director.

En ese sentido, lo primero que sorprendió a Bruno era la didáctica de los venezolanos: “Hacían tocar a un niño, cualquier instrumento, de hoy para mañana”. Es precisamente en uno de estos talleres que a Bruno se le brinda la oportunidad de dirigir por primera vez. “Me dijeron: ‘¿Te sabes el himno de tu país?’ Bueno, pues sí. ‘¿Te sabes las medidas, el tiempo?’; sí, respondí. Allí dirigí a un mundo de gente con 14 años. Es que yo –confiesa– antes, desde los vientos, con el oboe, era bien cae mal. Caía mal porque corregía. Oía los errores, el destiempo de los demás y lo decía aunque el director replicara ‘ya está jodiendo éste otra vez’”.

El oráculo Abreu
De este primer acercamiento, el proyecto venezolano avalado por la Unesco despega y se conforma la Orquesta Sinfónica Iberoamericana respaldada por el fundador del Sistema de Orquestas Venezolanas, José Antonio Abreu. Por supuesto, Bruno quería ser parte de ella y así audiciona entre más de 200 candidatos.

El azar le otorga, según dice, una señal. Su turno de audición era el número 1. Bruno me confiesa ser un poquito supersticioso: “Siempre he creído que las cosas que tienen que pasar están marcadas y tienen que pasar. Lo único que te toca es seguir trabajando, ser intuitivo, honesto, enérgico y apasionado”.

A la vez de profesar ciertos dotes de compromiso casi arribistas: “Soy un engasado. Cuando plantearon el proyecto de la Unesco hice algunos cuadros mentales y me volví un freak: ensayaba y ensayaba como loco con el oboe”. De aquel primer turno de audición los jueces quedaron impresionados. Bruno iba de viaje a Venezuela, a formar parte de la Orquesta Iberoamericana. Tenía las ganas, la actitud, la volición personal.

Luego de su participación en el taller, el maestro Abreu se interesa por el desempeño de Bruno. “Abreu es un helicóptero, está sobre todo. Tiene similar magnitud que el Oráculo de Matrix; así de grueso”. Consecuentemente, Abreu lo invoca y le pide que se quede un poco más.

Tendríamos que decir aquí lo bien que le fue, de su interpretación de la pieza Sansón y Dalila, de Saint Saens para entrar a la Sinfónica Nacional de Venezuela, de su desarrollo en un nuevo sistema pedagógico y de su enriquecida relación, tanto profesional como personal, con el maestro Abreu.

Bruno regresaría a Guatemala pero muy breve. Debía irse de gira a Europa, debía integrarse ahora a la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela. Apenas tenía 16.

La misión encomendada
Es interesante ver la trascendencia del proyecto sinfónico de Abreu en Venezuela. Incluso es impermeable a cambios azarosos, en términos políticos, en términos globales. “Se mantiene, sí. Era vigente sin el presidente Hugo Chávez y hoy continúa todavía con Chávez. Pero eso no es importante, a Abreu lo que le interesa es que su misión con los niños esté estable y desarrollándose”, menciona Bruno, antes de crítico, recordando su situación específica en un punto histórico de Venezuela. Un punto en que decide regresar a Guatemala.

Acá se gradúa en la escuela de cine de la Universidad Galileo, explora una faceta como ingeniero de sonido, se introduce al tema de la publicidad, la animación... pero descuida su vocación.

El oráculo, es decir, Abreu lo sabe y a finales de 2005, Bruno recibe una llamada: “Querido, me han contado que has abandonado tu instrumento... pero te cuento que estamos formando la sinfónica juvenil latinoamericana. Te quiero en Venezuela... en menos de 15 días”.

Allá va Bruno, con más de 4 años de no tocar el oboe, claro, a recuperar la tesitura, tanto en la partitura como en el estado de ánimo. “Todo tenía una magnitud 15 veces superior”, recuerda y frente a Abreu, le es otorgada una misión: todo aquello debía suceder también en Guatemala. “Tu misión”, le dice Abreu, “es escoger a un grupo de niños para una orquesta, la cual deberá tener la capacidad de crear un sentido de pertenencia en la sociedad, si logras este primer punto el camino es para adelante; lo segundo, tocar puertas, buscar apoyo institucional; por último, man-tenme al tanto”. Bruno tenía 23 años.

Tres meses bastaron para que Bruno empezara a destacar. Si bien, en su persona esconde ciertos conflictos con algunas fundaciones, con otras orquestas precedentes, a las que se niega mencionar, sigue las instrucciones recibidas de Abreu al pie de la letra. Primero, una orquesta de 250 niños en la colonia La Verbena, zona 7. Segundo, en enero de 2006 empieza a tocar puertas. Habla con el gobierno de Óscar Berger, y nada. Habla con los encargados de la Municipalidad, y hay un proyecto, medio abandonado, medio en desuso: la Orquesta Sinfónica Juvenil Municipal.

La Municipalidad contaba con una apuesta por el desarrollo de la cultura. Esto se traduce en la escuela municipal de pintura, en la escuela municipal de danza. “Faltaba la de música”, indica Bruno, quien con el antecedente de Venezuela, obtiene apoyo completamente “y para adelante”.

Ahora dirige cinco escuelas dentro de la ciudad, la Comisión para el Sistema de Orquestas de Guatemala, y está en busca de apoyo privado para encauzar por el mejor camino su difícil misión como director.

Presentación
El II Encuentro Internacional de la Joven Orquesta y Coro de Guatemala (JOCCA) se celebrará esta semana en Guatemala. Para clausurar, la Orquesta Juvenil Municipal ofrece dos conciertos. Uno, el jueves 10 de diciembre, a las 7 p.m., en la Gran Sala del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias. Y otro, el viernes 11 (6:30 p.m.) en el Centro de Formación de la Cooperación Española, en Antigua Guatemala. Ambas presentaciones son gratuitas. Deben presentar invitación. Más información: 2251-3898 (Escuela Municipal de Música) y 7832-1276 (Centro de Formación).

Una Orquesta Municipal
La orquesta se fundó oficialmente en mayo de 2006. Su primer concierto, dirigido por Bruno Campo, celebró los 10 años conmemorativos de la firma de la Paz en diciembre de ese año. A partir de entonces ha acompañado infinidad de eventos, en diversos barrios de la ciudad. Las edades de sus integrantes oscilan entre 9 y 17 años. Con este proyecto, a pesar de las críticas de hacer proselitismo por medio de la actividad cultural, la comuna capitalina intenta promover el desarrollo en los jóvenes y una apertura de convivencia para la sociedad.

“Todo encargado de un proyecto plasma parte de su temple en lo que hace. Aun así, este es un proyecto de la sociedad, de los niños. Esa es su personalidad (de la orquesta) y es la que está representándonos”.

T. Oswaldo J. Hernandez ohernandez@sigloxxi.com
F. Morena Pérez mperez@sigloxxi.com

El hidalgo del Centro Histórico








Tasso Hadjidodou, escribe Alejandro Arriaza, es un ciudadano del mundo, chapín adoptivo y testigo de más de medio siglo de andanzas en la zona 1.
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“Ah, el eterno dilema de Tasso: Griego de origen, belga de nacimiento, ciudadano francés, y más chapín que el tamal del sábado.”
Manuel José Arce.
El hogar de Tasso Hadjidodou, como cueva de tesoros sacada de una historia de Las mil y una noches —versión Macondo— es en efecto, en primer lugar, un escondite. Clavado en el fondo de un gran parqueo, junto al alto edificio que alberga a la mayoría de secretarías del Congreso de la República y a media cuadra del callejón que desde hace algunos años lleva su nombre. El camino es de hecho una prolongación del Callejón Tasso Hadjidodou. Encontrar la pequeña puerta de madera, que carece de núme-ro, me tomó casi una hora. Di varias vueltas y consulté a muchos para saber qué timbre presionar.
Una vez recibido por el menudo y frágil —aunque lleno de energía— propietario y superado el asombro inicial, el lugar es una mezcla deliciosa de museo, ar-chivo, biblioteca. Su morada está salpicada por un desorden exquisito por el cual Tasso se disculpa.
Yo estoy un poco cohibido, en parte por el retraso y por el peso que rodea a su figura (lea Una vida en Guate y Un niño muy culto). Pero en cinco minutos el brillo en los ojos, la amplia sonrisa y el fino humor que irradian del hombre me hacen sentir como si estuviera con un amigo de toda la vida. De inmediato hacen su aparición el café y las champurradas. Tasso —no se puede esperar menos de alguien que proviene de culturas francófonas— es un fino anfitrión.

Recuerdos, recuerdos
Pinturas, esculturas, condecoraciones, libros y pósters colgados de las paredes o apilados sobre mesas. Hay cultura viva por doquier. Y vaya si vive. La casa es todo, menos un lugar gris y apagado. Dos niños vivarachos y gritones, de unos seis y ocho años, nietos del ama de llaves, María Guerra —“aunque es mujer de paz”, añade Tasso con alguna picardía— corren de arriba para abajo sin que él parezca reparar en ellos.
Aparece de pronto, como visión sorprendente, un hada diminuta con un plato en la mano. Es la hermanita de los dos niños, de dos años y medio. “La amiga más pequeña de don Tasso” dice la madre de la nena, quien ha venido con sus energéticos críos.
Tasso, ante tanta actividad sonríe beatífico, y dos grandes retratos que presiden el salón, de un hombre de aspecto severo y grandes bigotes, y de una mujer aún más se-vera —los griegos padre y abuela paterna de este peculiar hombre del renacimiento— parecen verlo todo con cierta molestia, ante la imposibilidad de hacer algo al respecto.
Otro retrato que cuelga por ahí es uno a lápiz, de Manuel José Arce, que fue gran amigo de Tasso y le dedicó una de sus columnas periodísticas, recogida después en el libro Diario de un escribiente, y de la que procede el epígrafe de esta nota.
También hay varias fotos del obispo Juan Gerardi. “Trabajé con él el tema de situación de pobreza”, comenta. “En mi vida ha habido épocas buenas y malas, y la muerte de monseñor fue uno de los momentos trágicos para mí”. Y claro, multitud de representaciones gráficas del habitante de la casa: a tinta, a crayón, al óleo, de todas clases. Llama la atención un extraordinario retrato, muy luminoso. “Lo hizo Manolo Gallardo, para una exposición que presentaría con motivo de los 60 años de mi llegada a Guate –que se celebraron en enero de este año–. Lo que no me dijo era que mi cuadro iba a estar rodeado por 60 cuadros de hermosas mujeres que él había pintado, ¡y que las chicas iban a estar ahí! Luego me dio el cuadro en préstamo, para que lo conservara mientras viviera.”
También destaca, con su peculiar sentido del humor, un cuadro de un perrito negro y lanudo. “Esa es una historia, un poco divertida y un poco triste —dice medio en serio, medio en broma—, ese era el perrito de mi madre y luego yo fui el sustituto”.
“¿Y ese de aquel póster es usted?” pregunta Cecilia, la fotógrafa que me acompaña, señalando al fondo del salón. La pregunta parece complacer sobremanera a Tasso. “¡Buena pregunta!”, dice alegre, y nos lleva a examinar el afiche con detalle, encendiendo para ello una luz del fondo.
“Me encontraba una vez en el festival de teatro de la ciudad de Avignon, en Francia y cuando vi este póster dije, ‘uy, pero si soy yo’ y me compré uno”. Y efectivamente, la fuerte nariz, la cara que se adelgaza hacia la barbilla, la situación de los ojos y la amplia frente, formados con fragmentos de antiguas piedras, es una excelente muestra de diseño gráfico. Los elementos componen un rostro que es igual al de Tasso. Pero unas hojitas de laurel que asoman a un lado de la cabeza descubren de quién se trata, aun antes de leer el título: es el cartel de anuncio de una representación de la obra Julio César, de William Shakespeare. La imagen es en realidad la de un actor romano nota-blemente parecido a este griego-belga-chapín.
Tasso ya se encuentra descolgando otra foto de la pared, para ilustrar una historia más. Porque, como diminuta ametralladora con chaleco, una vez arrancado, Tasso Hadjidodou no deja de disparar anécdotas, historias, comentarios, datos de tiempos pasados, presentes y hasta futuros, cuando esboza sus esperanzas sobre el porvenir. Ahora, sostiene una foto en la que un Tasso un tanto más joven —ronda ahora los 88 y medio— estrecha la mano de un amable y rollizo sacerdote. Es el padre Joseph Wresinsky, fundador del movimiento de solidaridad y ayuda internacional Cuarto Mundo, del que Tasso fue presidente durante 35 años. “Ahora ya soy sólo presidente hono-rario” añade con modestia.

Blancas navidades tropicales
Diciembre es para Tasso un mes tranquilo. “Es que en temporada navideña la gente se va, y hay menos actividades”, explica, lo que me lleva a preguntarle un poco por sus propias navidades infantiles. “Muy diferentes —dice— En Bélgica, donde yo viví mi infancia, el día especial para los niños es el 6 de diciembre, Día de San Nicolás. Esa mañana se dejan los regalos en las chimeneas de las casas, y es de gran emoción para los pequeños. Luego, el día de Navidad se hacía algo como una cena o una reunión, pero ya no era tan especial. Es el día 6 cuando los niños celebran a este Saint Nicklaas o Sinterklaas, según el país de Europa que se trate. El personaje luego derivó en el Santa Claus de hoy, cuando en Estados Unidos confundieron su nombre. Aunque, bueno, quién sabe si ‘confundieron’ —dice con una pizca de malicia— porque la gente del mercado, cuando se trata de masificar algo, sabe muy bien lo que hace”.
En mi infancia, continúa este hidalgo del Centro Histórico, mi madre me llevaba al centro de Bruselas, a los grandes almacenes, con sus trenes que caminaban por toda la vitrina, y los caballitos de juguete que hacían cabriolas y cabalgaban solos. “Era muy bonito. Y por la época del año, siempre había nieve”.
“Cuano uno es niño cree que San Nicolás es un ser humano. Yo descubrí a un primo que hacía de San Nicolás, ¿y sabe cómo? —dice con brillo adolescente en los ojos— por el anillo que usaba. Debería haber sido policía, bromea”. Fue la nieve uno de los grandes cambios que Tasso vivió cuando partió de Europa, rumbo a Centroamérica. “Esa fue una gran diferencia, cuando vinimos a Guatemala con mi esposa. Todo era tan diferente, y claro, las navidades sin nieve también. Ella murió poco después, en circunstancias extrañas. Debió viajar a Amberes, Bélgica, porque su padre estaba muy enfermo, y fíjese, el padre murió un lunes y ella, el sábado, de la misma semana”. Y por única vez durante toda la conversación con este hombre vital, entusiasta y optimista, una tenue sombra de pesar le cruza apenas un instante el rostro, una pena que posiblemente medio siglo de distancia no ha podido curar del todo.
“¿Y hoy en día, sus navidades?”, pregunto.“Verá, aunque siempre estoy en actividades culturales, yo no soy una persona muy de fiesta, y no crea que es por la edad; siempre he sido así. Yo valoro mucho la amistad, quizás por haber sido hijo único. Entonces ver a mis amigos es un gran placer para mí. No es celebra-ción, es juntarnos al azar, felices de volvernos a ver. Mis navidades son tranquilas, no hago nada especial. Pero si mis amigos quieren venir a verme, son bienve-nidos”.
Quizás hay algo en la comercialidad de las fechas que lo exaspera, algo que le hace sacar ese grinch que vive escondido en tantas de las personas que co-nozco, así que se lo pregunto: ¿hay algo que le moleste o le desagrade de la Navidad?
...Hmmm, demasiado esperar de una persona tan llena de energía. Por primera vez creo ver en Tasso un gesto de total perplejidad antes de contestar. “¿Algo que me moleste de la Navidad? No”, responde, para luego contraatacar, con esa malicia casi adolescente que es su marca registrada. “¿A usted, hay algo que le moleste?”. “Mejor pasemos a lo siguiente”, le digo, y lo invito a dejar su morada.

El Centro y Tasso
Salimos a caminar. Acompaño a Tasso en un recorrido por los lugares a los que acostumbra ir cotidianamente. Enfilamos sobre la séptima avenida. Tasso hace comenta-rios acerca de cualquier cosa, desde los graffitis de las paredes hasta los agujeros de las banquetas. “Se podría hacer un reportaje sólo sobre los agujeros que hay”, dice con malicia tras advertirle a Cecilia de un hoyo en el que podría haber tropezado mientras tomaba una foto.
Llegamos a Casa Ibargüen, frente al edificio de Correos. El inmueble fue tomado por la Municipalidad como Anexo del Centro Cultural Metropolitano. Tasso es miembro del Consejo Cultural de la Municipalidad, y también es presidente honorario del Festival del Centro Histórico.
Nos muestra los amplios y hermosos salones de la casa, ahora mismo vacíos, mientras comenta sobre las exposiciones que allí se montan. Cada cierto tiempo repite con asombro, “y esta era la casa particular de una familia”. Es sorprendente, en efecto, imaginarse viviendo en el lujoso edificio. “En el fondo, desde que vine a Guatemala, nunca viví fuera del Centro Histórico”, dice Tasso “y vivo en mi residencia actual desde hace 25 años”.
“Ahora estoy muy contento de que ya no botan casas antiguas. Es muy agradable, por ejemplo, ver en la Feria del Libro a la gente comprando libros a precios có-modos. Además, mermó el éxodo de antes, cuando las familias se iban del Centro. Hay gente que se quedó, y otros que aunque se fueron a vivir a otro lado conser-van las casas de sus ancestros”. Nos trasladamos frente al edificio del Centro Cultural Metropolitano, donde hay una exposición de los alumnos de la Escuela Municipal de Escultura. “Este es un Centro Cultural que funciona maravillosamente bien”, dice Tasso. “Lo bonito es que han tomado volumen los cursos de pintu-ra, escultura y música. Por cierto, hay un director muy joven que ha logrado aglomerar una gran cantidad de niños” —se refiere al maestro Bruno Campo, director de la Orquesta Sinfónica Juvenil Metropolitana.
“Usted puede ver que sí hay cosas que se hacen”, dice Tasso mientras contempla las esculturas. “La gente se fija más en la cultura. Soy optimista, pero eso no significa que no quede mucho por hacer. Los nacimientos que se suelen hacer en esta época, por ejemplo, son sólo una vez al año. En cambio las exposiciones son constantes. Lo que es agradable de ver es la felicidad de quienes toman las clases. Esto es comparable con lo que se hace en otros países”.
Pero entonces, inquiero, ¿qué le falta a la cultura de Guate para alzar vuelo? “Hay mucho que hacer, y no sólo son los artistas; es toda la población. Hay que apren-der a visitar exposiciones, desde los jóvenes hasta los jubilados. Esto de las exhibiciones es fantástico para los establecimientos educativos. La gente no me cree cuando les cuento que hay 740 de estos centros educativos en la zona 1. Todos los alumnos deberían venir”.
Dejamos el otrora Palacio de Correos. Caminamos de regreso por la abigarrada y fantástica mezcla de discos piratas, zapatos tenis, ropa y hasta perfumes que ofre-ce la Sexta avenida. Tasso rememora “yo conocí la sexta de antes. Cuando vine a Guatemala era obligado sextear, salir de noche a ver las vitrinas de los almacenes. Ahora ha cambiado y la problemática actual de la avenida es el próximo paso del Transmetro”.
Le pregunto entonces a este hombre que ha visto medio siglo de cambios y evoluciones de la zona 1 cuál es el mayor problema del Centro Histórico, y se ríe como si le hubiera preguntado si hay vida después de la muerte. “No le voy a decir, pregúntele al alcalde —bromea para luego ponerse más serio—. Es muy difícil encontrar una solución que satisfaga a todas las partes. Pero yo creo que los pasos que se han dado hasta la fecha son irreversibles, y creo que se percibe un compromiso de estudiantes, maestros y autoridades del Centro Histórico para seguir en tan buen camino”.
Nos vamos acercando de nuevo al gran parqueo que esconde el pequeño reino de cultura, recuerdos y vibrante esperanza de este conocido habitante del viejo casco de la ciudad. Nos despedimos. Lo veo alejarse, a paso lento pero seguro. Tasso se pierde en la distancia; seguramente se dirige a remojar en café la inconclusa champurrada que dejó por realizar este recorrido por su querida zona 1.

Una vida en Guate
Tasso Hadjidodou nació en Lieja, Bélgica, el 9 de enero de 1921, de padres griegos. El 15 de enero de 1949, vino a Guatemala con su esposa en visita turística, pero decidió quedarse, maravillado por el país. En 60 años de estancia continua en Guatemala ha sido agregado cultural, diplomático, columnista de prensa, y se ha convertido en un pilar fundamental de la cultura del país. Ha ocupado diversos cargos, funcionales y honorarios, en asociaciones culturales guatemaltecas.

Un niño muy culto
Gracias a la educación que recibió en casa, Tasso siempre estuvo cerca de la cultura. Cuando entró a la escuela ya sabía leer. Un día, a los 5 años, entró sólo en los museos que rodean el Parque del Cincuentenario, en la ciudad de Bruselas, donde vivía. Se hizo amigo de los museólogos, quienes le ayudaban en sus redacciones escolares. Desta-caba también en matemáticas y como él mismo dice, “tengo más de 80 años de ser lector”.

“Le pregunto entonces a este hombre que ha visto medio siglo de cambios en la zona 1 cuál es el mayor problema del Centro Histórico; y se ríe como si le hubiera preguntado si hay vida después de la muerte”.

“Aunque siempre estoy en actividades culturales, no soy una persona muy de fiesta, y no crea que es por la edad, siempre he sido así. Valoro mucho la amistad, quizás por haber sido hijo único”.

T. Alejandro Arriaza alecantautor@hotmail.com
F. Cecilia Cobar ccobar@sigloxxi.com

El sonido del metal en Guatemala

Silent Poetry | Heavy metal
Carla Natareno charla con los integrantes de la banda nacional que compartirá el escenario con el grupo Epica.
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Los metaleros me citan en su estudio. En el lugar reina una atmósfera que me recuerda el calor húmedo de las lluvias de verano. Es la energía de los músicos la que marca el clima de la habitación, saturada de instrumentos y pedestales con partituras.

Los integrantes de Silent Poetry hacen una pausa y me comentan que se preparan para su próxima presentación. Este grupo nacional de heavy metal abrirá el concierto a la banda alemana Epica. Mynor Kauffmann, el tecladista, cuenta que los integrantes de Black Moon y Kaligula Prods, organizadores del concierto, les notificó que de todas las bandas que escucharon, ellos eran la seleccionada para compartir el escenario con los alemanes. Desde ese anuncio a Silent Poetry se ha hecho habitual crear su propio clima en el estudio, a tesón de ensayo.

Su primer disco salió el año pasado. Bautizaron el material con el nombre de la banda. Ahora preparan su segunda producción, la que tentativamente llamarán Ecos of the world. Para realizar los temas, comenta Carlos Cruz, el guitarrista, él propone una composición básica y el resto de los miembros aportan ideas, notas musicales y sonidos. De su repertorio destacan los temas Emerging y Ancient whispers.

Silent Poetry ha participado en Metal Independencia, El Ateneo, en Nicaragua; Festival 188 años de Independencia, en Guatemala, y el Independent Fest VII, en El Salvador. Este quinteto se formó en 2007 y Fabián Morales ocupaba entonces el puesto en la batería. Después de grabar el primer disco dejó el instrumento y se convirtió en el vocalista. Posteriormente se unen Vladimir Gaitán (batería), Luis Rizzo (bajo) y Cruz, en la guitarra.

“Cada quien tiene un gusto en diferentes géneros musicales y el sonido de cada instrumento es algo original, creando un estilo diferente”, comenta Carlos. Los músicos indican que no tienen influencia de grupos nacionales, pero que cada uno tiene en común su gusto por Metallica y Iron Maiden.

Lo que sí ha influido en los integrantes es el inglés. Todas sus canciones las interpretan en ese idioma. “Podemos traspasar fronteras. Además hay bandas alemanas o francesas de metal que cantan en inglés. Creo que sonaría muy rara nuestra música si cantáramos en español” agrega el tecladista.

Un tema recurrente en sus letras es la muerte. Entre risas, los integrantes recuerdan un accidentado viaje a Nicaragua, donde se rozaron con esa misteriosa dama mientras conducían.
“Cada concierto o ensayo son experiencias diferentes; tratamos de pasarla bien haciendo lo que nos gusta”, cuenta el vocalista. Son tantas anécdotas que no logra mencionar una. Mucho se ha dicho del auge y declive del rock en Guatemala, pero estos músicos consideran que “desde septiembre de este año hemos sentido un cambio, ya que la gente está apoyando más al grupo y a la escena”, comenta Mynor.

La banda ha tenido la oportunidad de viajar por toda Centroamérica, y prevé visitar otros países. “Tuvimos un viaje frustrado para ir a Colombia, pero ya recibimos propuestas de México”, cuenta Mynor. Carlos agrega: “Somos de la mentalidad de que para ser triunfadores en la vida tenemos que hacer lo que nos gusta; por eso seguimos en esto”.

Silent Poetry se presentará el martes 8 en el Teatro al Aire Libre, del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias, 24 calle zona 1. A las 8 p.m. Boletos Q225.

T. Carla Natareno cnatareno@sigloxxi.com
F. Cecilia Cobar ccobar@sigloxxi.com

AG E N D A
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Teatro
Tres viejos mares
Viernes 11, Teatro de Bellas Artes, Avenida Elena y 15 calle, zona 1. 7 p.m. Sábado 12, Centro de Formación de la Cooperación Española, Antigua Guatemala, 7 p.m. En ambas fechas la admisión es gratuita.
Tres ancianos se reúnen frente al mar a dialogar sobre el ocaso de sus vidas. En esos encuentros hay rivalidad, celos, desencanto, ilusión y una voz permanente de fondo; el mar, que les devuelve historias y recuerdos.
Tres viejos mares gira en torno a la memoria, un tema recurrente del director Arístides Vargas, y como todas sus obras, conjuga el humor, la ternura, la desesperación y la inocencia de unos personajes que tratan de reconstruirse a sí mismos.
Escena Norte (El Salvador), Grupo Teatral Bambú (Honduras) y Rayuela Teatro Independiente (Guatemala) se unen para presentar esta obra. Más información: 2221-1565. Visite rayuelateatro.com y aecid-cf.org.gt.

El taller de Santa Claus
Domingos 6 y 13 de diciembre. 11 a.m. Q40. Teatro de Cámara Hugo Carrillo. 24 calle 3-21, zona 1.
Esta obra se desarrolla dentro del taller de Santa, donde los juguetes cobran vida, pero la maldad intenta dañar la Navidad, y los juguetes salen al rescate. La obra enseña el verdadero sentido de la Navidad. Más información: 5413-6647.

La lista de Navidad
Domingos 6 y 13 de diciembre, 11 a.m. Q30. Teatro de la UP, 10 calle, entre 10 y 11 avenidas, zona 1. 2232-8433.
En el taller de Santa las cosas no pintan bien esta Navidad: Rodolfo contagió de gripe a los otros renos, la máquina de regalos no funciona, los duendes tomaron el día libre y para completar el cuadro trágico, un niño travieso aparece y lo complica todo.

Exposiciones
Jade, últimos días
Hasta el viernes 11. Horas hábiles. Q2. Convento de Capuchinas, 2a. avenida Norte y 2a. Calle Poniente, Antigua Guatemala.
Aprecie diferentes reproducciones de mascarones mayas elaboradas con jade. En el resto del recinto hay piezas que datan de los siglos XVI al XIX. Más información: almafar30@hotmail.com

Música
Radio acústico
Sábado 12, 7 p.m. Q60. El Sitio, 5a. calle Poniente #15, Antigua Guatemala.
Ángel, Volver a nacer... Lui Donis interpretará las canciones del grupo de rock Radio Viejo. Esta es la nueva propuesta del vocalista. Boletos a la venta en tiendas De Museo. Reservaciones: 7832-3037.

Ballet y orquesta
Ensamble navideño
Martes 8 y miércoles 9, 8 p.m. Q50 (platea) y Q30 (balcón). Gran Sala del Centro Cultural Miguel Ángel Asturias. Más información: 2253-9023 y 2251-9664.
La Orquesta Sinfónica Nacional y el Ballet Moderno y Folklórico Nacional se unen para recrear la Navidad guatemalteca, con sus tradicionales posadas, creencias, costumbres, olores y colores.

Televisión
Garment district
Martes 8, 7:30 p.m. HBO.
En este documental el director Marc Levin cuenta la historia del Garment District en Manhattan, un importante centro de moda que logró ser la forma de alcanzar el sueño americano para miles de inmigrantes, pero que ahora está a un paso de desaparecer. Schmatta: Rags to riches to rags retrata a una industria de la costura estadounidense.

La maldad en la pantalla
Martes 8, 6:30 p.m. Cinemax.
Explore el lado oscuro del Hollywood a través de sus villanos, con memorables historias que van desde Psicosis hasta El silencio de los inocentes, o Batman, el caballero de la noche. Unforgettably evil es un documental dirigido por Sebastian Bauer.

Universo submarino
Lunes 7, 8 p.m. History Channel.
Primera entrega de Universo Submarino, un programa que explora la historia y evolución de las siete zonas más peligrosas del océano, causa directa de inundaciones, tsunamis, huracanes y erupciones de volcanes submarinos. Tomas nunca antes vistas y animación en 3D le mostrarán el universo que cubre la mayor parte del planeta.

El detective que retuerce la oscuridad


La nueva novela de Byron Quiñónez se ambienta en una “época caracterizada por su rudeza”, reseña Eddy Roma.
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El cadáver de una jovencita amanece tirado en un paraje solitario de Santa Lucía Milpas Altas. A varios kilómetros de distancia, el detective José Abel Rosanegra vuelve a soñar con perros calcinados. Al despertar, encuentra una mariposa negra posada en la pared. Según una vieja leyenda, es señal del fallecimiento de una persona cercana. Poco después le comunican el hallazgo del cadáver, a quien reconoce por un lunar en la mejilla. Durante la investigación se enterará de que fue víctima de un negocio pornográfico que opera en el país.

Así empieza Aquí siempre es de noche, el libro con que el escritor Byron Quiñónez (Guatemala, 1969) obtuvo el III Premio de Novela Corta Luis de Lión, convo-cado por Magna Terra Editores y la Fundación Soros. La historia ocurre algunos años después de los hechos descritos en El perro en llamas (2008), su primera novela.

Como hicieron Guillermo Cabrera Infante y Rafael Ramírez Heredia con sus respectivas ciudades —La Habana y Tampico—, Byron rehace el paisaje de Guate-mala con su voseo, sus comidas y sus mujeres. No necesita de intermediarios para que sus imágenes cobren vida en la mente del lector. “Era un viejo enorme, como esos cocodrilos que nunca dejan de crecer”, dice de don Guillermo, anciano que intimida a Rosanegra a pesar de que tiene quince años de conocerlo. Un comensal con aspecto de señor feudal a pesar de su indigencia le recuerda que “lo bueno para vos es que tenés amigos poderosos que ni siquiera conocés”. Cuan-do lo hicieron enojar, “los nudillos del detective se pusieron blancos en torno al volante”. En lugar de copiar los aforismos de Cardoza, o los alardes de Bukowski, Byron emplea el poder que confiere la palabra sin adornos.

También hallo la plena definición de Rosanegra. Tiene gusto por las letras. Sus páginas preferidas se encuentran en el Informe sobre ciegos, de Ernesto Sabato y en las novelas autobiográficas de Fernando Vallejo. Se pregunta si para escribir como ellos “habrá que ser un gran hijoeputa o si es posible ser buena persona y concebir esas barbaridades”. Ante las notas del Graveyard Train, de los Creedence Clearwater Revival, piensa que “la mayoría de la nueva música era vulgar y sin espíritu, hecha por tarados para tarados”.

No guarda consideración por los derechos que se invocan a favor de ladrones y mendigos. “Hay personas que todo lo quieren regalado y nacieron con la mano extendida para robar o pedir”, le dice a su amigo, el agente Monterroso, cuando le señala al extorsionista que acaba de arrestar. Ante su antiguo superior, el comisa-rio Mendoza, reniega de las trabas que le imponen para resolver los casos. “Los abogados que defienden a los delincuentes son un insulto a la decencia”, afirma. “Vaya si no…”, responde Mendoza. “¿Se acuerda del que masacró a una familia en Chinautla? Tanto que nos costó agarrarlo para que lo soltaran porque hubo ‘malos procedimientos’ al momento de su captura. Cuando sólo de verlo se le nota lo asesino…”.

Es fácil atribuir las declaraciones de los personajes al sentir y pensar del autor. Pero voy más allá. Byron no escribe acerca de sí mismo. Lo hace sobre una época caracterizada por su rudeza, donde la amabilidad que se atribuía al guatemalteco es un vestigio arqueológico más. Los delitos que se reportan a diario, y su falta de castigo, causan que muchas personas aprueben todo método de limpieza social. Si arrestan a los hechores, éstos echan mano de cualquier artimaña legal para alargar el juicio, presentar pruebas de descargo, y afirmar su conversión como buenos cristianos. “¿Pero sabe qué es lo peor?”, le dice a Rosanegra el administrador de un bar de la zona viva llamado Blue moon. “Que nunca los ejecutan y primero se escapan. Ah, pero Dios guarde que uno caiga en el bote por cualquier tontería porque ya se quedó preso para siempre”. Solo en las películas, la policía resuelve los casos y los malos obtienen su merecido.

Por último, cuando se escriba acerca de la obra de Byron, conviene no meterla en la misma gaveta que ocupa la novela negra. Es literatura, y nada más.

AQUÍ SIEMPRE ES DE NOCHE, DE BYRON QUIÑÓNEZ. MAGNA TERRA EDITORES, 2009. 94 PÁGINAS

T. Eddy Roma eddyjromaa@hotmail.com
I. Alejandro Azurdia. aazurdia@sigloxxi.com

Cocina guatemalteca bajo el Arco


En Antigua existe un lugar donde se dedican a explicar la elaboración de la comida tradicional, pero, como indica Oswaldo J. Hernández, desde una perspectiva internacional. Seguir leyendo...

Antigua
Cooking School

5a. avenida Norte, #2, Antigua

Justo bajo el Arco de Santa Catarina, en Antigua Guatemala, la cocina tradicional maya se adapta de modo diverso a la gastronomía internacional y con-sigue ser elaborada con ingredientes típicamente universales, de consumo masivo y de fácil compra en cualquier supermercado del mundo. La respon-sabilidad de llevar a cabo esta proyección global de las recetas guatemaltecas recae en Antigua Cooking School, que funciona desde 2006 en la 5a. avenida Norte, #25B, por iniciativa de la antigüeña Myrna de Ruiz.

Enchiladas, chuchitos, buñuelos, subanik, tamalitos blancos, rellenitos de plátano, tamales colorados, el mole, los plátanos fritos... las recetas de estos y otros platos son replanteadas en la cocina de esta escuela. “Procuramos que al turista, o bien a cualquier visitante que se integre a la didáctica de nuestra escuela, se le facilite encontrar los ingredientes de nuestros platos para que en sus casas o lugares de origen puedan cocinar la comida típica guatemalteca”, señala Vilma de León, encargada de la escuela.

Las clases se imparten en un pequeño jardín. Un espacio adecuado para funcionar como laboratorio de alta cocina, con su estufa, mesas, protección solar, gas, lavamanos… en resumen, un inmueble cómodo para incursionar como chef especializado en la culinaria chapina.

La aventura de cocinar se vive a diario. De lunes a viernes. Cada día con un menú diferente. Las clases pueden oscilar (dependiendo de los tres platillos que se van a cocinar) entre 4 y 5 horas. Se imparten en idioma inglés o español.

De acuerdo con De León, el subanik es el más popular entre los alumnos. Se elabora con pechuga de pollo sin hueso y se explica cómo conseguir, por nom-bre genérico o usando la creatividad, cada uno de los ingredientes necesarios en cualquier parte del mundo. “Enseñamos cómo sustituir la masa del elote molido con simple harina de maíz industrial, que es de fácil ubicación en cualquier tienda de abarrotes”, dice De León.

Las personas que participan en este tipo de escuela de cocina interactiva deben preinscribirse con dos días de antelación al teléfono: 5944-8568, o bien enviar una solicitud desde la página antiguacookingschool.com, en el área de contacto. En cada clase los alumnos reciben un equipo de cocinero apropiado que con-siste en una gabacha, utensilios, receta, y lo más importante, ingredientes frescos, como vegetales y verduras recién comprados en el mercado. Lo demás con-siste en cocinar, pasarla bien y aprender.

Bajo el Arco
La escuela de cocina se ubica justo bajo el Arco Santa Catarina, en Antigua Guatemala. 5a. avenida Norte, #25B. Visite antiguacookingschool.com.

Reservación
Para recibir la clase didáctica de comida tradicional es necesario reservar con dos días de anticipación. El costo es de $65.

Selección
Puede escoger tres platillos por sesión, según el menú. Entre las opciones destacan: enchiladas, chuchitos, buñuelos, subanik, tamalitos blancos, rellenitos y tamales.

T. Oswaldo J. Hernández ohernandez@sigloxxi.com
F. Morena Pérez mperez@sigloxxi.com

En pos del libro ideal

Mario René Matute | Humanista y escritor
La invidencia, escribe Jaime Barrios Carrillo, no ha sido obstáculo para este escritor.
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La vida y obra de Mario Rene Matute es la historia de un hombre que ha luchado tenazmente por alcanzar la excelencia. Como emigrante ha sabido, padeciendo ceguera, demostrar que ésta no resulta impedimento para escribir novelas, cuentos y poemas, ni para trabajar en radio y periodismo escrito. Vive en el Distrito Federal, México, donde desarrolla su labor por los no videntes y también como escritor.

En su currículo consta que un glaucoma, detectado a los tres años, lo convirtió aceleradamente en un débil visual. Aproximadamente a los 12 años perdió la vista. Por fortuna, doña Romelia, su madre, consiguió por medio de estímulos conocidos como conceptos relacionales, que pudiera percibir el entorno: colores, prisma, perspectiva, matices, movimiento, etc... lo que ha permitido que la obra de Matute siempre esté apoyada o in-mersa en ambientes estrictamente visuales.

“Cuando yo aparecí como niño ciego en Guatemala, prácticamente no existía ninguna oferta formativa. Gracias a mi madre me correspondió principiar a abrir una brecha social de gran importancia, al ser aceptado en colegios para niños videntes y, además, al aprender a leer en casa bajo su orientación mientras asistía a párvulos. Las familias con suficientes recursos económicos enviaban a sus hijos ciegos a Estados Unidos o a Europa, mientras los campesinos y los obreros, dejaban a sus hijos en casa sin participar en ninguna actividad formativa, dedicados cuando mucho, a oficios simples y sin riesgos en el quehacer hogareño”, dice Mario René.

La violencia política que afectó el tejido social guatemalteco pasó atropellando a la familia Matute. Mario René perdió a uno de sus hijos durante el conflicto armado y tuvo que abandonar el país. “El terrorismo de Estado nos obligó a mi esposa y a mí a abandonar el país. Estuvimos cuatro años en Costa Rica y luego decidimos migrar, para reunirnos con muchos compañeros que ya radicaban en el D.F. de México. Desde entonces nuestra vida, con todas sus contradicciones y sus avatares, ha transcurrido entre logros y sufrimientos. Aquí conseguimos que se editaran varios títulos míos (poesía y cuento) en la editorial Praxis y la novela Palos de ciego; con la editorial en Alfaguara, en España, luego de un premio”.

Matute, llamado cariñosamente el Choco, ha sido un emigrante productivo. En la Biblioteca Argentina para Ciegos se ha incluido su poema Pequeño grumete en la proa. En Lima, Perú, en el concurso literario de la Unión Latinoamericana de Ciegos (ULAC), obtuvo el primer lugar con un poemario”.

“Quizá porque ha sido el más difundido, el libro que más me ha traído satisfacciones es Palos de ciego, la novela editada por Alfaguara. En realidad, cada librito es un hijo querido de las emociones y siempre se le quiere. Aún no he conseguido producir mi libro ideal; quizá pueda realizar ade-cuadamente una visión retrospectiva de mi vida”.

De Guatemala, dice, extraña “algunos productos de la cocina: el fiambre, el gallo en chicha, el turrón, las torrejas, los rellenitos de plátano... y muchos otros más, pero como los hacían en mi casa. Es decir, añoro los lugares y con ellos, las situaciones... las épocas de la existencia.”

T. Jaime Barrios Carrillo. jbarrios@sigloxxi.com F. Archivo, Siglo 21.

El unicornio y la cerveza azul

Francisco Alejandro Méndez*

Zona Viva,

22:00 horas. (Jueves)
Roberto y Nelly permanecían sentados en una de las mesas del rincón del bar El Unicornio. Pidieron una última jarra más de cerveza azul y en seguida, la cuenta. El mesero, un tanto atolondrado y molesto por la música, nervioso y poco amable, recibió con una sonrisa cínica la tarjeta de débito de Roberto, la llevó a la barra; luego regresó a la mesa, mientras los dos enamorados se trenzaban en un largo beso.
Salieron de El Unicornio.
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Zona Viva,
22:00 horas. (Jueves)
Roberto y Nelly permanecían sentados en una de las mesas del rincón del bar El Unicornio. Pidieron una última jarra más de cerveza azul y en seguida, la cuenta. El mesero, un tanto atolondrado y molesto por la música, nervioso y poco amable, recibió con una sonrisa cínica la tarjeta de débito de Roberto, la llevó a la barra; luego regresó a la mesa, mientras los dos enamorados se trenzaban en un largo beso.

Salieron de El Unicornio.

Recostados en el lomo del Mitsubishi blanco se abrazaron una vez más. Roberto abrió la puerta a Nelly, giró sobre sus talones y enfiló hacia el lado de su puerta. An-tes de abrir notó la mirada libidinosa del guarda del estacionamiento del bar. Cuando encendía la poderosa máquina del Mirage, notó que el mesero tuvo la intención de acercarse al auto, pero se devolvió hacia el establecimiento.

Roberto encendió el equipo de sonido. Acarició la pierna de Nelly. Ella no lo rechazó. Parecía que su compañera iba a caer en un profundo sueño, pero Roberto pensó que se trataba de una estrategia más para evitarlo.

Aceleró.

Enrumbó hacia el Bulevar Liberación. Tomó el carril de en medio, el cual lo llevaría hasta El Trébol, para luego tomar la Roosevelt. Su mano derecha acarició el rostro de su chica, pero ella no devolvió ni una sonrisa. Roberto pensó en cambiar el disco compacto; quizá Nelly se animaba un poco si escuchaba una bachata de Juan Luis Guerra. Su mano derecha palpó con insistencia el sillón trasero hasta que dio contra el portadiscos. Lo colocó sobre sus piernas y buscó hasta que encon-tró lo que quería. Tomó el disco y lo introdujo en la ranura. El auto se aproximaba al paso a desnivel a casi cien kilómetros por hora. Roberto esperó en vano a que sonara la pieza, pues se quedó profundamente dormido. El auto impactó contra la pared que dividía el túnel, luego, con la columna del puente, dio dos vueltas hasta que quedó volteado, echando humo. El cuerpo de Nelly golpeó el windshield y salió disparado hacia el asfalto. Roberto quedó prensado contra el timón que estruja-ba su pecho. Del equipo de sonido salía la triste voz del dominicano: Quisiera ser un pez para tocar tu nariz en tu pecera y hacer burbujas de amor....

Palacio de la Policía, 23:50 horas (jueves)
El comisario Wenceslao Pérez Chanán recibió una llamada de Darwin Baudilio Cheves, oficial de los Bomberos Voluntarios, la que le notificaba de un accidente prota-gonizado por un vehículo Mitsubishi en el que viajaban dos jóvenes, uno de sexo masculino y el femenino. La mujer presentaba fracturas en varias partes del cuerpo y había sido trasladada al Seguro Social de la Zona 9. El individuo estaba muerto. Cheves le relató también que los bomberos habían tenido que utilizar la “quijada de la vida” para destrabar el cuerpo de hombre. Wenceslao preguntó si la mujer permanecía consciente, pero la respuesta fue negativa.

—Lo llamo a usted, mi comisario, porque recuerde que en lo que va del año hemos encontrado varias parejas muertas. ¡Claro!, en otras circunstancias, pero, lo cierto es que encontramos entre sus ropas que derramaron restos de aquel líquido azul. ¿Recuerda?, la cerveza esa que están consumiendo los chavos y que los forenses encontraron en esos cuerpos. ¿Qué le parece? ¿Tal vez le interesa el caso? Estamos a las espera del juez de turno. Si se viene, hay le encargo una bolsita de manías garrapiñadas de las que usted se anda comiendo a cada rato...

Wenceslao colgó. Subió sus pies sobre el escritorio y lanzó una mirada hacia el techo. Darwin Baudilio tenía razón. Esa cerveza azul había sido encontrada entre el estómago y en la vejiga de varios de los jóvenes que habían perecido en los últimos accidentes de tránsito durante el transcurso de los pasados meses.

El comisario Pérez revisó en la computadora la lista de los muchachos que habían muerto en condiciones similares a las de esa noche. La imprimió; luego, hizo lo mis-mo con los resultados de las autopsias y las fotografías de cada caso. Extrajo de su escritorio dos bolsas de maní garrapiñado. Llamó por radio a Fabio y a Enio para confirmar su ubicación y bajó al sótano, donde ambos policías lo esperaban dentro de la patrulla.

—Tengo un presentimiento, jóvenes —gimió Wenceslao mientras su grueso cuerpo se sentaba en el asiento del copiloto de la unidad policíaca—. No sé. Hay algo que me parece puede estar relacionado con el accidente de hoy en el que perdió la vida un muchacho. Darwin Baudilio me aseguró que encontraron restos de cerve-za azul en las ropas de los muchachos y dentro del vehículo. Vamos a echar un vistazo y de paso saludamos a su papá Tecún Umán, Fabio. ¿Le parece, Enio?

Ambos policías se sorprendieron del buen humor del comisario Pérez. Fabio encendió la sirena. El auto tomó toda la Sexta Avenida y a los pocos minutos cruzó a la derecha del Reloj de Flores; se encarriló hacia el Bulevar Liberación, hasta que se detuvo delante del paso a desnivel, donde una grúa enganchaba el semidestruido auto blanco polarizado.

—Qué bueno que viniste, Wenceslao —sonrío Darwin Baudilio mientras capturó la bolsa de maní que le lanzó el comisario.

—No sé qué está pasando con la juventud. Toman y toman como descosidos. Otra vez esa cerveza azul. Ya no hayan qué inventar para alcoholizar a esos mucha-chos. ¿No te parece?

—Afirmativo, Cheves. Necesito que me mande al bombero que llegó primero a la escena. Quiero que me cuente cada detalle de lo que encontró. ¿A qué morgue se llevarán el cuerpo del patojo, cómo me dijo que se llamaba?

—Pues, mi comisario, lo trasladarán al hotel de la Morgue del Cementerio General. Ahorititita está el juez firmando el acta. ¿Vas a hablar con él?

—No. Enio está a cargo de ello, ¿cómo es que se llama el bombero?

Mientras Enio conversaba con el juez, Fabio revisó cada resquicio del automóvil: Había mucha sangre, pedazos de ropa, discos compactos regados por todos lados, papeles.

Wenceslao conversó con el cabo Sánchez, como era conocido el bombero que llegó primero al accidente, quien le brindó cada detalle de la escena que encontró. Tuvo que interrumpir su relato, pues su unidad recibió una llamada de auxilio. Wenceslao quedó conforme con lo narrado por el bombero y fue a sentarse a la radio-patrulla. Sacó su libreta y apuntó la información ofrecida por el apagafuegos.

*ESTE FRAGMENTO PERTENECE AL PRIMER CAPÍTULO DE RELATOS POLICIALES (SERIE CHANÁN), DEL ESCRITOR FRANCISCO ALEJANDRO MÉNDEZ. LA OBRA ES UNA PUBLICACIÓN DE EDITORIAL ÓSCAR DE LEÓN PALACIOS (2440-9849 Y 50). AL AUTOR ESTÁ DEDICADA LA XXXVIII FERIA MUNICIPAL DEL LIBRO: PLAZA MAYOR DE LA CONSTITUCIÓN, HASTA EL DOMINGO 13.

Suerte

Cecilia Cobar ccobar@sigloxxi.com

“Estamos rodeados de comida… sólo hay que aprovecharla”

Jack Schuster * Bichología
Hace unas dos semanas tuve la oportunidad de visitar unos grandes pozos de agua (salinas) en la Costa Sur, donde evaporan el agua del mar para recuperar la sal. ¡Qué buen negocio! pensé; la gente siempre necesita sal en la dieta. Pero, lo lamento… me equivoqué.
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¡Resulta que es más barato importar sal de países como Chile que producirla aquí! Sin embargo, existe otro posible uso para estos grandes pozos.

No, no me refiero a un gran parque de agua para los niños. Uno de los problemas de la producción de la sal son las algas que se desarrollan, cubriendo el agua con una gran capa de moco caféanaranjado. Pero, imagínese la cara de las madres al ver a sus niños jugando submarino en lo que parece ser una letrina… ¡No! el otro uso es aprovechar directamente estas algas.

En otros países se usan pozos parecidos para cultivar estas algas para aprovecharlas como fuente de aceite para producir biodiésel y otros productos. Hay personas en Guatemala interesadas en desarrollar este producto. Puesto que las algas toman el CO2 de la atmósfera para producir su acei-te, no sería una fuente de combustible que aumenta el contenido neto de CO2 en la atmósfera, así que no contribuiría al calentamiento global como lo hace la quema del petróleo.

Pero, ¿qué tiene que ver con bichos? Pues, mientras estuve admirando la capa de algas que parecía como una gran guaca en el pozo, percibí un movi-miento. Unas pequeñas chinches Corixidae estaban probablemente alimentándose de las algas. Son las mismas chinches que transmiten un virus, enferme-dad de camarones, importante en la crianza de esos exquisitos crustáceos.

Pero en México se crían estas chinches para comida. En el lago estacional y salado de Texcoco la gente mete paja o sogas en el agua. Las chinches colocan sus huevos en estos sustratos. Luego, se hace tortillas o tamales con ellos. Estos huevos se llaman “ahuauhtle”; traté de pronunciar esa palabra, soné como un coyote… Las ninfas y los adultos (axayacatl) también se cosechan, se muelen, se envuelven en tuza y se cocinan. ¿Será que podríamos exportarlas a México? ¿O venderlas aquí?

Imagínense. En McDonald’s o Burger King: ¿Huevos para el desayuno? ¿Ha probado nuestro caviar mexicano? ¿Qué tal un chinchemale (chinchilla no funciona para las tortillas de chinches…tal vez habría protestas de la gente en contra del uso de animales para abrigos. Sabe cómo se confunden algunas personas).

¿Cree que los insectos no son aceptables? Los zompopos son muy cotizados aquí. ¡Ricos, fritos con pepitoria! He probado otras recetas. Un día de gracias (Thanksgiving) teníamos pizza de zompopos y sundae de zompopos para postre. En las montañas arriba de Cuilco una persona me pidió las grandes larvas de coleópteros cerambícidos que sacamos de unos palos podridos en busca de mis ronrones pasálidos. Nos dijo que son muy ricos.

En Huehuetenango, los niños capturan las libélulas y se las comen de una vez. Estamos rodeados de comida… sólo hay que aprovecharla. Bueno, espero que les haya dado algunas ideas sobre cómo sobrevivir esta crisis económica. Hasta la próxima, baby.

*El doctor Jack Schuster es director del Laboratorio de Entomología Sistemática de la Universidad del Valle de Guatemala.

Un acto de rock

Desde no hace pocos años Guatemala ha estado necesitada de una vox pópuli musical alternativa. Nada de mainstream o de pop en el dial local de la radio al nomás encenderla. Entonces gran número de personas decidió apagar la radio y buscar... en Internet.
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Un ejemplo es esta página, radio, foro y productora dedicada al género rock. Su nombre lo dice: El circo del rock. Su propuesta consiste en levantar una carpa musical para todos aquellos necesitados de estridencia e invitarlos a pasar a un acto de rock. Funciona las 24 horas y ofrece una programación carga-da de noticias, espacios musicales, entrevistas, descargas, promociones, videos y merchandise, todo referente a las novedades que acontecen en la escena roquera, no sólo la nacional.
Detrás de esta página funcionan las mentes locutoras que se hacen llamar “fenómenos”. Entre ellos Samuel Monzón, el vampiro; o Édgar Zamora, el luná-tico en zancos.
A casi 2 años de ofrecer funciones circenses en radio, el sitio también cuenta con una revista digital homónima. Esta publicación es casi mensual y puede ser descargada directamente del sitio.

T: Oswaldo J. Hernández

Novedades

Discos
My Christmas
ANDREA BOCELLI | UNIVERSAL, PHILIPS,
DECCA Y SUGAR
Este es el primer álbum navideño del cantante italiano. La compilación del tenor ofrece las más conocidas melodías de Navidad. En los 16 temas del disco predomina el idioma inglés, aunque hay una selección de títulos cantada en italiano, alemán y francés. En el cd se aprecia el trabajo del productor David Foster, ganador de varios premios Grammy. El disco fue grabado en escenarios de diferentes ciudades.
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Todo Rosana
ROSANA DRO ATLANTIC / WARNER MUSIC
En una década de trayectoria, Rosana ha editado una extensa y exitosa discografía, con 5 discos de estudio y uno en directo. Esta artista canaria presenta todo ese mate-rial en una caja especial, la cual contiene los cinco álbumes de estudio y videos. Rosana lanzó este box-set el pasado martes. La cantante ha vendido más de 6 millones de copias y ofrecido más de 500 conciertos.

The Beatles Christmas pack
THE BEATLES | EMI
Cuatro emblemáticas producciones discográficas dan cuerpo a este paquete navideño limitado del cuarteto de Liverpool: Revolver, Rubber soul, Sgt Pepper’s Lonely heart’s club band y Abbey road. Todos los álbumes han sido remasterizados. Cada uno incluye un bono extra: un documental con la realización de algún video. Lucy in the sky with diamonds, Michelle, y Yellow submarine son algunas de las 62 canciones de este material.

Soldier of love
SADE | SONY MUSIC
Sade Adu regresará a la escena musical después de una década de ausencia. Sade prepara su nuevo material, el cual se espera salga al mercado el 8 de febrero de 2010. El título del álbum es Soldier of love y será el sexto trabajo de estudio de la cantante, quien ha vendido más de 50 millones de discos en 25 años de carrera. El nuevo cd es gra-bado en Inglaterra y producido por su colaborador de muchos años Mike Pela.